Se trata de una sección destinada a la publicación de libros que transmitan en especial una relación a la práctica, un modo posible de relatarla.
Primer libro, "Hojas Encontradas. Fragmentos de una práctica con púberes y adolescentes".
Cynthia Eva Szewach
Cometarios recibidos, lecturasHola Cynthia! Acerco algunas palabras de
lectora agradecida. Me encuentro en muchas referencias, pasajes, relatos,
intervenciones… hace 21 años trabajo en un hospital.
Celebro el plural que habita el libro
destacado en el prólogo, creo que es una de las enseñanzas del trabajo en las
instituciones. Sostener el plural cuando muchas veces la prisa, el agotamiento,
la angustia asecha para encasillar rápidamente, o comprender, o apiadarse.
Creo que los plurales nos hablan de las
fronteras conflictivas, ¿podrían nombrar también diversas formas del phatos?
-Reparé en una noción mencionada en el
prólogo, cita de tu escrito: “algunas de las figuras de la dificultad…” Reparé en figuras, y recordé de una
Revista Ñácate: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, allí un
artículo donde hay una referencia a la noción de “figuras de amor”.
El texto sigue la proposición de Jacques
Le Brun en El amor puro, de Platón a Lacan, (p. 12), que dice: “[...] el
término figuras en su sentido más preciso de figuras sucesivas y parciales cuya
reunión y organización vuelve legible lo que sería un amor puro, sin que
necesariamente se demuestre algo o se forme un sentido. Tales figuras son
ejemplos, en el sentido medieval y moderno de la palabra, imágenes parlantes
que hablan junto a la teoría y que hacen ver lo que no puede ser elaborado o
sostenido dentro del rigor del razonamiento”
Me pareció valiosa esa noción! Más allá o
más acá del amor, señalo lo parcial, lo que habla junto a la teoría, que hace
ver lo que no llega a transmitirse, a elaborarse. ¿el libro podría llamarse
también: Figuras de una práctica con púberes y adolescentes?
Sobre el inicio y el final acercás
experiencias que señalan figuras de la dificultad, o como dice Lili Baños, la
práctica de la dificultad y la dificultad de una práctica.
“No
escuché qué lugar habité en las cartas repartidas. O dónde se apresuraron las
partidas”. (p. 22)
“Fue mi gesto, una tenue traición,
inesperada, incalculada, de rotura de amor” “Rechacé un lugar y ocupé otro
(resistencial)” (p. 169)
Agradezco la coherencia, la sinceridad de
esas referencias, y pienso que no se puede teorizar, ni pensar, ni
interrogarse, sin el tropiezo!
El libro habla de encuentros y
desencuentros, sostiene la pregunta acerca de ¿qué es estar como
analistas? Y se me ocurre una expresión
de Lacan en el Seminario II: “Acrobática destreza”.
-Destaco también el incalculable valor de
la interlocución: jornadas, encuentros, reuniones, ateneos, clases, charlas,
revistas… espacios de intercambio. Alguien a quien hablar, como se
titula el libro de una colega (Alguien a quien hablar. La función del
interlocutor en Freud. Patricia Seveso) La relevancia de la interlocución
en tanto permite sostener un discurso.
Pensaba
también en la noción de intervención, que se halla asociada
etimológicamente a venir entre (del
latín interventio)
-El libro me hizo caminar por los
pasillos, llegar a una guardia, hablar con el médico, buscar al familiar,
sentarme al borde de una cama … escuchar los pasos…La potencia de un recorrido
que se transmite, un modo de trabajar, que refleja una práctica siempre
compleja, nunca completa.
Creo que la escritura de una práctica
refleja ese nudo imperfecto entre lo privado y el paso a lo público.
-Los epígrafes son bellísimos, diversos;
invitan a leer, sostienen las preguntas. Si intentara decir de algún modo
acerca del libro, entre diversas formas, diría algo así como que es un elogio
del fragmento. Amé esas palabras neológicas, casi neológicas: prefación,
estropezones, Decasinada.
-Qué hermosa cita: “Lo infantil no tiene
edad”! Me pregunto, y pregunto si lo infantil en el adulto ubica algo de
lo lúdico allí? Supongo que ubica, o ubica también la relación con la
sexualidad, con el tiempo.
Siguiendo con la cita, pensaba que toda
experiencia de investigación tiene su raíz en la infancia. ¿Quién investiga?
¿No es el niño quien investiga, motivado por la investigación sexual infantil?
La pregunta por la transmisión está
inserta en el libro, lo recorre.
-En “Una política del relato”, (p. 16),
preguntás “¿Qué es un caso, qué es un ejemplo?”
Me recordó una cita de Erik Porge en Transmitir
la clínica psicoanalítica (p.45):
“¿Qué posición ocupó el historial? El
historial viene a cubrir un hueco teórico y a la vez es el lugar de la
angustia, de la pregunta, de lo que fracasa. Los historiales de Freud trasuntan
algo de la dimensión de lo vivo, del movimiento inacabado, de que hay siempre
algo más. Y justamente porque el historial no afirma, porque cojea siempre, que
el historial es fructífero...”
Lo vivo, el movimiento, lo que fracasa,
como así también encuentros, pasajes, presencias recorren el libro, hacen
relato en Hojas encontradas.
Le Gaufey, en
“El blanco de la transferencia” (Revista Littoral 10) declara que:
“Freud
siempre mantuvo en su presentación del hecho de la transferencia su potencia
interrogativa sobre los momentos constitutivos de la subjetividad de su
paciente, sin rebajarla a la historicidad lineal de un supuesto desarrollo.”
La interrogación por los momentos
constitutivos de la subjetividad se escucha, se lee en el libro, y con ello la
función del analista y el lugar de la institución.
-Una insistencia: el cuerpo. Y cómo no! Si
se trata más aún de púberes y adolescentes, pero además de hospitales…
instituciones. Nunca ausente, pero en tantísimas expresiones. El cuerpo, de
quién?
Martine Gauthron, en la revista Litoral
13: El niño y el psicoanalista, en su texto: “Con un niño, un
analizante pasa” (p. 7), habla de:
“Cuerpos en la violencia, en una
sensorialidad puesta en juego por olores, contactos de piel, posturas
inhabituales, descubrir las disfunciones en relación a las necesidades
fundamentales, hambre, sueños, sed, ausentes en la mirada, absortos en
estereotipias.”
Creo que otras de las enseñanzas del
hospital, al menos para mí, es que una historia puede brillar por su ausencia,
que el cuerpo puede ser una puesta en acto de esa historia y que a veces se
intenta, como dice la autora recrear alguna envoltura.
Escenario de crueldad, de desamparo, de
carencias, de locura, de múltiples demandas, donde el derecho de decir que
NO puede cobrar un efecto de límite para que no se transforme la práctica
en una práctica asistencial, asistencial en el peor de los sentidos. También
pensaba en relación al cuerpo en esta expresión muchas veces escuchada: Poner
el cuerpo, me permito agregar: sacarlo
también… para que la práctica tampoco se transforme en una práctica
sacrificial.
Celebro ese derecho!
-Vos decís: “Algunos relatos de la práctica son aquellos que han venido
a la “memoria” como huella borrada…” (p. 17), me llevó a una cita de John
Berger:
“Las
huellas no son sólo lo que queda cuando algo ha desaparecido sino que también
pueden ser las marcas de un proyecto, de algo que va a revelarse”
-El
apartado sobre Pubertades me trajo dos referencias:
Primero, el libro de Lorrie Moore Hospital
de ranas: por los pasajes, las finalesiniciaciones:
“Bebíamos y
bromeábamos… no teníamos idea de lo que vida nos reservaba, ni una sola clave,
ni un pensamiento bien pensado. Conspiradoras, socias en negocios emocionales,
eso fuimos.”
“…nosotras
con nuestras bromas y suspiros, y después nuestros sueños, uno junto a otro…”
(p. 91)
“…cuando desperté
al día siguiente, demasiado chica, demasiado joven para el dolor de cabeza y
demasiada vieja, de pronto con la información, mi mejor amiga meditaba sobre su
aborto. Había que juntar dinero y fue entonces cuando supe lo que haría, vendía
entradas usadas de un parque en el que trabajaba y nos las pasaba por la caja.”
(p.71)
“(…)todo se
estaba poniendo extraño y vago.” (p.72)
Y luego a
Freud:
En la carta del 7 de
marzo de 1875, cuando Freud tenía cerca de 19 años, escribe toda una teoría
sobre lo que entendía que le estaba ocurriendo a Eduard, quien al parecer le
había escrito antes, relatándole su apasionado enamoramiento por una joven.
Freud se explaya extensamente dándole su opinión sobre lo que pensaba le
ocurría a su amigo, y también sobre cómo estaba en juego la seducción y la
participación de la madre de la joven. Hasta que finalmente concluye y le da
una especie de sugerencia al amigo.
“Para ser franco apreciaría mucho más que abandonaras este momento de Sturm
und drang (tormenta y empuje), sin duda lo harás pronto sin echarlo de menos en
adelante”
Tormenta y empuje ¿podría ser otro
nombre de las pubertades?
-La referencia de la pág. 51: “La idea de “fin de la infancia” acentúa
un particular desasimiento. Doloroso dice Freud”, me recordó a Kuri cuando
habla en torno al dolor, de la noción de desprendimiento, y me pareció podía
ser válida para pensar el fin doloroso de la infancia. Entbindung; desprendimiento o desligazón.
Kuri habla de que el en
dolor se trata de desprendimiento, que no equivale a una descarga, lo lee en
Freud, en “El proyecto…” y en “El problema económico del masoquismo”.
-Las lenguas de las
que estamos hechos, (p. 67) Allí decís
también: “figuras de reparación fallida”. Figuras nuevamente! Me pregunto a
partir del fragmento: ¿la lengua : figura de alteridad?
Una vez encontré una cita bellísima que la menciona Marie-Claude Thomas
en una revista Litoral también, en la N° 40: Inquietante extrañeza:
“La lengua es un vestido cubierto
de remiendos realizados con su propia tela”.
Sigue el libro…
-El caso de Winnicott
es maravilloso!! Y tu lectura también! Me invita a escuchar y no desoir las
persistencias. ¿Otro derecho a decir que no?
Sigo el libro, me lleva…
-Qué buena definición, la novela como
respuesta creativa a un desencuentro, extrañamiento. Novelar el desencuentro!
Me pregunto qué desencuentro?
Desencuentros, otro plural, ¿El de la realidad y la fantasía? Realidad e
imaginación?
M. Blanchot,
en La palabra analítica habla de relaciones
de insuficiencia.
“Cada escena
está siempre a punto de abrirse sobre otra anterior, y cada conflicto no es
sólo él mismo. Ahora bien, cada vez, esta experiencia ha sido la de una
insuficiencia fundamental; cada uno hace la experiencia de sí como existencia
insuficiente. Nacer es, después de haber tenido todo, carecer repentinamente de
todo, y en primer lugar del ser.”
Desencuentro,
extrañamiento, insuficiencia.
-Llego a
“Aguafuertes Oníricas” Me interroga ese título.
Y me reencuentro
con la expresión: mortalizar la eternidad, como propuesta, desafío,
valentía del analista. ¿Un modo de recrear alguna envoltura?
Mortalizar la
eternidad puede ser también un trabajo de pasajes, de deslizamientos.
-La propiedad me
hizo preguntar si ¿un sueño se tiene? No hay un presente… se tuvo en todo caso,
jugarretas del tiempo, que se cree poder manipular.
La pesadilla,
será ¿lo que no duerme en el sueño, rebeldía del mundo onírico?
El disfraz del sueño malviste…, a veces inviste, desviste, viste… articulaciones.
-Pánico de ataque, me remite a pensar algo así como una pesadilla espacial, ya que venimos
del mundo onírico.
-Dábamos vueltas. En silencio. (p. 109). Reparo
en el silencio allí como intervención. Distintos silencios: para habilitar la
voz, silencios que matan, donde nada se puede nombrar.
Las referencias de Lacan a la distinción silere
y tacere. También recordaba el texto de Sara Glasman: “Retirarse en
silencio”, remisión a Freud en la Conferencia 24.
-Avanza el libro, Adolescencias,
anorexias, y se sostiene el plural.
Increíble la referencia a Mannoni… parece
poner el acento en el te quiero…
Recordé que Freud habla de la repulsa de
los alimentos en Duelo y melancolía. Y en “Inhibición, síntoma y angustia”, de
la inhibición de la función nutricia.
-La institución como escenario y la locura
como recurso. ¿Podría ser: la institución como recurso y la locura como
escenario? Suscribo la valentía de Mannoni.
-Sigue el libro y me reencuentro también
con Merversión ¡!
Un
reencuentro teñido de recuerdos. Me permito una pequeña digresión para contarte
que fui instructora de la residencia de salud mental a la que ingresé y luego
me quedé en el hospital hasta hoy, allí buscando textos acerca de perversión,
di con el tuyo, con éste, ya que encontré varios escritos tuyos en las revistas
“Psicoanálisis y el hospital”, las tengo todas, escribimos con colegas algún
que otro artículo en alguna.
Cuando encontré ese texto celebré leer
algo distinto y novedoso, con claras referencias clínicas, lo trabajamos muchos
años en la residencia, y hace un tiempo el texto ha vuelto a leerse! Cuando
empecé a participar de las reuniones de los jueves y veo tu nombre y apellido,
directamente Merversión tuvo cara y voz!!
Confieso que me quedo con la versión de
Psicoanálisis y Hospital!
-Sobre el final del libro: Disponibilidad.
Término que me remite a las formas de presencia…la presencia como
intervención, distintos modos.
Configurar cada vez ¡!
Configurar cuando, como dice Pizarnik: las palabras no guarecen...
Maravillosa la nota al pie sobre el
agradecimiento: participación en lo que se recibió! Nuevamente gracias por el
libro, espero haber sido respetuosa con los comentarios, y no aburrir con las
citas, quería acercarte algunas impresiones, citas, preguntas, para seguir
conversando.
Abrazo. Gabi Ortiz
Celia Nusimovich
La forma del libro , lleva las marcas de la experiencia, que es tiempo y lugar hechos de palabras, con la transferencia que arma y sostiene lazos. Hay una “Puerta de entrada” así se llama el primer apartado del índice, y después hay “Pubertades”, un 2º apartado, que lleva una nota al pie que dice: “el plural de pubertades hace oír no solo las diversas formas de transitar la pubertad, sino también del pasaje por allí una y otra vez a lo largo de un análisis”. Yo explicito, y entonces agrego, a cualquier edad."...Y también creo que, porque es experiencia, la formación de un analista, aunque esté atravesada por sus propias metamorfosis, se parece a la sexualidad en que no madura, Es otro comienzo que no termina."
Escucho otra insistencia: el lugar de la falta, el silencio, lo inasimilable, lo que no. Incompletud necesaria, que atraviesa el libro. Y que también la acerca a la posición winnicotiana que ella misma cita: “No pretende “probar nada”, Allí radica uno de los modos de su honestidad. Lejos de una intencionalidad anticipada, lo atraviesa un no saber de aquello que se va a decir o producir”.
No da demasiadas respuestas; comparte preguntas que se abrieron y creo que es ese el valor. Señalar la incompletud, y soportarla."
Fragmento de la Presentación realizada en Rosario , Annelie Barea, Juan Gonella y Lili Baños , 2019

Comentarios
Publicar un comentario