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Acerca de la práctica

Se trata de una sección destinada a la publicación de libros que transmitan en especial una relación a la práctica, un modo posible de relatarla.

Primer libro, "Hojas Encontradas. Fragmentos de una práctica con púberes y adolescentes".

Cynthia Eva Szewach

Cometarios recibidos, lecturas

Gabriela Ortiz:

Hola Cynthia! Acerco algunas palabras de lectora agradecida. Me encuentro en muchas referencias, pasajes, relatos, intervenciones… hace 21 años trabajo en un hospital.

Celebro el plural que habita el libro destacado en el prólogo, creo que es una de las enseñanzas del trabajo en las instituciones. Sostener el plural cuando muchas veces la prisa, el agotamiento, la angustia asecha para encasillar rápidamente, o comprender, o apiadarse.

Creo que los plurales nos hablan de las fronteras conflictivas, ¿podrían nombrar también diversas formas del phatos?

-Reparé en una noción mencionada en el prólogo, cita de tu escrito: “algunas de las figuras de la dificultad…”  Reparé en figuras, y recordé de una Revista Ñácate: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, allí un artículo donde hay una referencia a la noción de “figuras de amor”.

El texto sigue la proposición de Jacques Le Brun en El amor puro, de Platón a Lacan, (p. 12), que dice: “[...] el término figuras en su sentido más preciso de figuras sucesivas y parciales cuya reunión y organización vuelve legible lo que sería un amor puro, sin que necesariamente se demuestre algo o se forme un sentido. Tales figuras son ejemplos, en el sentido medieval y moderno de la palabra, imágenes parlantes que hablan junto a la teoría y que hacen ver lo que no puede ser elaborado o sostenido dentro del rigor del razonamiento”

Me pareció valiosa esa noción! Más allá o más acá del amor, señalo lo parcial, lo que habla junto a la teoría, que hace ver lo que no llega a transmitirse, a elaborarse. ¿el libro podría llamarse también: Figuras de una práctica con púberes y adolescentes?

Sobre el inicio y el final acercás experiencias que señalan figuras de la dificultad, o como dice Lili Baños, la práctica de la dificultad y la dificultad de una práctica.

 “No escuché qué lugar habité en las cartas repartidas. O dónde se apresuraron las partidas”. (p. 22)

“Fue mi gesto, una tenue traición, inesperada, incalculada, de rotura de amor” “Rechacé un lugar y ocupé otro (resistencial)” (p. 169)

Agradezco la coherencia, la sinceridad de esas referencias, y pienso que no se puede teorizar, ni pensar, ni interrogarse, sin el tropiezo!

El libro habla de encuentros y desencuentros, sostiene la pregunta acerca de ¿qué es estar como analistas?  Y se me ocurre una expresión de Lacan en el Seminario II: “Acrobática destreza”.

-Destaco también el incalculable valor de la interlocución: jornadas, encuentros, reuniones, ateneos, clases, charlas, revistas… espacios de intercambio. Alguien a quien hablar, como se titula el libro de una colega (Alguien a quien hablar. La función del interlocutor en Freud. Patricia Seveso) La relevancia de la interlocución en tanto permite sostener un discurso.

Pensaba también en la noción de intervención, que se halla asociada etimológicamente a venir entre (del latín interventio)

-El libro me hizo caminar por los pasillos, llegar a una guardia, hablar con el médico, buscar al familiar, sentarme al borde de una cama … escuchar los pasos…La potencia de un recorrido que se transmite, un modo de trabajar, que refleja una práctica siempre compleja, nunca completa.

Creo que la escritura de una práctica refleja ese nudo imperfecto entre lo privado y el paso a lo público.

-Los epígrafes son bellísimos, diversos; invitan a leer, sostienen las preguntas. Si intentara decir de algún modo acerca del libro, entre diversas formas, diría algo así como que es un elogio del fragmento. Amé esas palabras neológicas, casi neológicas: prefación, estropezones, Decasinada.

-Qué hermosa cita: “Lo infantil no tiene edad”! Me pregunto, y pregunto si lo infantil en el adulto ubica algo de lo lúdico allí? Supongo que ubica, o ubica también la relación con la sexualidad, con el tiempo.

Siguiendo con la cita, pensaba que toda experiencia de investigación tiene su raíz en la infancia. ¿Quién investiga? ¿No es el niño quien investiga, motivado por la investigación sexual infantil?

La pregunta por la transmisión está inserta en el libro, lo recorre.

-En “Una política del relato”, (p. 16), preguntás “¿Qué es un caso, qué es un ejemplo?”

Me recordó una cita de Erik Porge en Transmitir la clínica psicoanalítica (p.45):

“¿Qué posición ocupó el historial? El historial viene a cubrir un hueco teórico y a la vez es el lugar de la angustia, de la pregunta, de lo que fracasa. Los historiales de Freud trasuntan algo de la dimensión de lo vivo, del movimiento inacabado, de que hay siempre algo más. Y justamente porque el historial no afirma, porque cojea siempre, que el historial es fructífero...”

Lo vivo, el movimiento, lo que fracasa, como así también encuentros, pasajes, presencias recorren el libro, hacen relato en Hojas encontradas.

Le Gaufey, en “El blanco de la transferencia” (Revista Littoral 10) declara que:

“Freud siempre mantuvo en su presentación del hecho de la transferencia su potencia interrogativa sobre los momentos constitutivos de la subjetividad de su paciente, sin rebajarla a la historicidad lineal de un supuesto desarrollo.”

La interrogación por los momentos constitutivos de la subjetividad se escucha, se lee en el libro, y con ello la función del analista y el lugar de la institución.

-Una insistencia: el cuerpo. Y cómo no! Si se trata más aún de púberes y adolescentes, pero además de hospitales… instituciones. Nunca ausente, pero en tantísimas expresiones. El cuerpo, de quién?

Martine Gauthron, en la revista Litoral 13: El niño y el psicoanalista, en su texto: “Con un niño, un analizante pasa” (p. 7), habla de:

“Cuerpos en la violencia, en una sensorialidad puesta en juego por olores, contactos de piel, posturas inhabituales, descubrir las disfunciones en relación a las necesidades fundamentales, hambre, sueños, sed, ausentes en la mirada, absortos en estereotipias.”

Creo que otras de las enseñanzas del hospital, al menos para mí, es que una historia puede brillar por su ausencia, que el cuerpo puede ser una puesta en acto de esa historia y que a veces se intenta, como dice la autora recrear alguna envoltura.

Escenario de crueldad, de desamparo, de carencias, de locura, de múltiples demandas, donde el derecho de decir que NO puede cobrar un efecto de límite para que no se transforme la práctica en una práctica asistencial, asistencial en el peor de los sentidos. También pensaba en relación al cuerpo en esta expresión muchas veces escuchada: Poner el cuerpo, me permito agregar:  sacarlo también… para que la práctica tampoco se transforme en una práctica sacrificial.

Celebro ese derecho!

-Vos decís: “Algunos relatos de la práctica son aquellos que han venido a la “memoria” como huella borrada…” (p. 17), me llevó a una cita de John Berger:

“Las huellas no son sólo lo que queda cuando algo ha desaparecido sino que también pueden ser las marcas de un proyecto, de algo que va a revelarse”

 

-El apartado sobre Pubertades me trajo dos referencias:

Primero, el libro de Lorrie Moore Hospital de ranas: por los pasajes, las finalesiniciaciones:

“Bebíamos y bromeábamos… no teníamos idea de lo que vida nos reservaba, ni una sola clave, ni un pensamiento bien pensado. Conspiradoras, socias en negocios emocionales, eso fuimos.”

“…nosotras con nuestras bromas y suspiros, y después nuestros sueños, uno junto a otro…” (p. 91)

“…cuando desperté al día siguiente, demasiado chica, demasiado joven para el dolor de cabeza y demasiada vieja, de pronto con la información, mi mejor amiga meditaba sobre su aborto. Había que juntar dinero y fue entonces cuando supe lo que haría, vendía entradas usadas de un parque en el que trabajaba y nos las pasaba por la caja.” (p.71)

“(…)todo se estaba poniendo extraño y vago.” (p.72)

Y luego a Freud:

En la carta del 7 de marzo de 1875, cuando Freud tenía cerca de 19 años, escribe toda una teoría sobre lo que entendía que le estaba ocurriendo a Eduard, quien al parecer le había escrito antes, relatándole su apasionado enamoramiento por una joven. Freud se explaya extensamente dándole su opinión sobre lo que pensaba le ocurría a su amigo, y también sobre cómo estaba en juego la seducción y la participación de la madre de la joven. Hasta que finalmente concluye y le da una especie de sugerencia al amigo.
Para ser franco apreciaría mucho más que abandonaras este momento de Sturm und drang (tormenta y empuje), sin duda lo harás pronto sin echarlo de menos en adelante”

Tormenta y empuje ¿podría ser otro nombre de las pubertades?

-La referencia de la pág. 51: “La idea de “fin de la infancia” acentúa un particular desasimiento. Doloroso dice Freud”, me recordó a Kuri cuando habla en torno al dolor, de la noción de desprendimiento, y me pareció podía ser válida para pensar el fin doloroso de la infancia. Entbindung; desprendimiento o desligazón.

Kuri habla de que el en dolor se trata de desprendimiento, que no equivale a una descarga, lo lee en Freud, en “El proyecto…” y en “El problema económico del masoquismo”.

-Las lenguas de las que estamos hechos, (p. 67) Allí decís también: “figuras de reparación fallida”. Figuras nuevamente! Me pregunto a partir del fragmento: ¿la lengua : figura de alteridad?

Una vez encontré una cita bellísima que la menciona Marie-Claude Thomas en una revista Litoral también, en la N° 40: Inquietante extrañeza:

“La lengua es un vestido cubierto de remiendos realizados con su propia tela”.

Sigue el libro…

-El caso de Winnicott es maravilloso!! Y tu lectura también! Me invita a escuchar y no desoir las persistencias. ¿Otro derecho a decir que no?

Sigo el libro, me lleva…

-Qué buena definición, la novela como respuesta creativa a un desencuentro, extrañamiento. Novelar el desencuentro!

Me pregunto qué desencuentro? Desencuentros, otro plural, ¿El de la realidad y la fantasía? Realidad e imaginación?

M. Blanchot, en La palabra analítica habla de relaciones de insuficiencia.

“Cada escena está siempre a punto de abrirse sobre otra anterior, y cada conflicto no es sólo él mismo. Ahora bien, cada vez, esta experiencia ha sido la de una insuficiencia fundamental; cada uno hace la experiencia de sí como existencia insuficiente. Nacer es, después de haber tenido todo, carecer repentinamente de todo, y en primer lugar del ser.”

Desencuentro, extrañamiento, insuficiencia.

 

-Llego a “Aguafuertes Oníricas” Me interroga ese título.

Y me reencuentro con la expresión: mortalizar la eternidad, como propuesta, desafío, valentía del analista. ¿Un modo de recrear alguna envoltura?

Mortalizar la eternidad puede ser también un trabajo de pasajes, de deslizamientos.

 

-La propiedad me hizo preguntar si ¿un sueño se tiene? No hay un presente… se tuvo en todo caso, jugarretas del tiempo, que se cree poder manipular.

La pesadilla, será ¿lo que no duerme en el sueño, rebeldía del mundo onírico?

 

El disfraz del sueño malviste…, a veces inviste, desviste, viste… articulaciones.

 

 

-Pánico de ataque, me remite a pensar algo así como una pesadilla espacial, ya que venimos del mundo onírico.

 

-Dábamos vueltas. En silencio. (p. 109). Reparo en el silencio allí como intervención. Distintos silencios: para habilitar la voz, silencios que matan, donde nada se puede nombrar.

Las referencias de Lacan a la distinción silere y tacere. También recordaba el texto de Sara Glasman: “Retirarse en silencio”, remisión a Freud en la Conferencia 24.

 

-Avanza el libro, Adolescencias, anorexias, y se sostiene el plural.

 

Increíble la referencia a Mannoni… parece poner el acento en el te quiero

Recordé que Freud habla de la repulsa de los alimentos en Duelo y melancolía. Y en “Inhibición, síntoma y angustia”, de la inhibición de la función nutricia.

 

-La institución como escenario y la locura como recurso. ¿Podría ser: la institución como recurso y la locura como escenario? Suscribo la valentía de Mannoni.

 

-Sigue el libro y me reencuentro también con Merversión ¡!

 Un reencuentro teñido de recuerdos. Me permito una pequeña digresión para contarte que fui instructora de la residencia de salud mental a la que ingresé y luego me quedé en el hospital hasta hoy, allí buscando textos acerca de perversión, di con el tuyo, con éste, ya que encontré varios escritos tuyos en las revistas “Psicoanálisis y el hospital”, las tengo todas, escribimos con colegas algún que otro artículo en alguna.

Cuando encontré ese texto celebré leer algo distinto y novedoso, con claras referencias clínicas, lo trabajamos muchos años en la residencia, y hace un tiempo el texto ha vuelto a leerse! Cuando empecé a participar de las reuniones de los jueves y veo tu nombre y apellido, directamente Merversión tuvo cara y voz!!

Confieso que me quedo con la versión de Psicoanálisis y Hospital!

 

 

-Sobre el final del libro: Disponibilidad. Término que me remite a las formas de presencia…la presencia como intervención, distintos modos.

Configurar cada vez ¡!

Configurar cuando, como dice Pizarnik: las palabras no guarecen...

 

Maravillosa la nota al pie sobre el agradecimiento: participación en lo que se recibió! Nuevamente gracias por el libro, espero haber sido respetuosa con los comentarios, y no aburrir con las citas, quería acercarte algunas impresiones, citas, preguntas, para seguir conversando.

Abrazo. Gabi Ortiz

 

 

 


Masu Sebastian de resonanciasblog.com.ar

"Es un libro con sabor a hospital, en el que se escucha a viva voz una apuesta jugada en torno a lo que suele llamarse caso: que se produzca la lectura de una marca. La que haya quedado como huella borrada en el recorrido por los distintos pasos de la experiencia de un análisis. Bajo esa expectativa van surgiendo distintos fragmentos de una práctica con púberes y jóvenes que, lejos de ser pensados como una especialidad, son tomados por la autora como “una insistencia”. Recortados bajo ese acento, se ajustan al método freudiano del laboratorio, al volverse un punto de partida en el camino de hacer emerger la teoría como efecto de un decir. Así, unos y otros esos fragmentos se van hilando, bajo la luz de los obstáculos que la misma práctica presenta generando preguntas -a veces sumamente perturbadoras- que la autora- analizante va recogiendo de su boca de analista. Como por ejemplo, “¿cuándo una puesta en escena o una caída forma parte del duelo?” “¿Cuál es la manera de formar parte en ese devenir del análisis y sus obstáculos?” ¿Qué estatuto reviste dicha intervención?” O también aquellas otras que poniendo en revisión ciertos nombres médicos, no dándolos por sentado ya que es bastante claro que cediendo en los nombres también se cede en las cosas, introducen algunos matices que destituyen los términos instituidos por el saber de la medicina hospitalaria, haciendo lugar a otros modos de llamar. Entonces, se prefiere hablar de “primeros encuentros” que sostener el tradicional lugar de “admisión”; pensar la derivación esencialmente como “no dejar a la deriva”, así como señalar la riqueza de la palabra jovencita: “es la nominación que posibilitada por el diminutivo me facilita ubicar el discurso entre la infancia y el inicio de los avatares del tiempo puberal”. 
continúa en resonanciasblog.com.ar

Celia Nusimovich
(...) "La experiencia, sin embargo, no es acumulable y por eso está puesta en libro.
La forma del libro , lleva las marcas de la experiencia, que es tiempo y lugar hechos de palabras, con la transferencia que arma y sostiene lazos. Hay una “Puerta de entrada” así se llama el primer apartado del índice, y después hay “Pubertades”, un 2º apartado, que lleva una nota al pie que dice: “el plural de pubertades hace oír no solo las diversas formas de transitar la pubertad, sino también del pasaje por allí una y otra vez a lo largo de un análisis”. Yo explicito, y entonces agrego, a cualquier edad."...
Y también creo que, porque es experiencia, la formación de un analista, aunque esté atravesada por sus propias metamorfosis, se parece a la sexualidad en que no madura, Es otro comienzo que no termina."

Annelie Barea: 
"Palabras, fragmentos, quedan enmarcados por su repetición, o por su silencio. Silencio que no es callarse sino dar lugar.  

Escucho otra insistencia: el lugar de la falta, el silencio, lo inasimilable, lo que no. Incompletud necesaria, que atraviesa el libro. Y que también la acerca a la posición winnicotiana que ella misma cita: “No pretende “probar nada”, Allí radica uno de los modos de su honestidad. Lejos de una intencionalidad anticipada, lo atraviesa un no saber de aquello que se va a decir o producir”.

 No da demasiadas respuestas; comparte preguntas que se abrieron y creo que es ese el valor. Señalar la incompletud, y soportarla."

Fragmento de la Presentación realizada en Rosario , Annelie Barea, Juan Gonella y Lili Baños , 2019   





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