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Presentaciones de La colección

Está destinada a publicar a  autores que dentro de nuestro psicoanálisis Rioplatense, nos vienen dejando sus huellas y una transmisión singular.


Jorge Palant "Eco de Infancias";  Jorge Fukelman "Resonancias de una transmisión"; Juan Bautista Ritvo "Enigmas y transformaciones del fantasma".  A. Bugacoff, M. Benenati, M. Iglesias, E. Millán, C. Nusimovich,  E. Muller,  O. Prósperi, J. Rodríguez, P. Sneh, C. Szewach: "El autor en cuestión"

 7/8/ 22,  :
Agradecemos Los Comentario de
Gabriela Ortiz sobre dos capítulos de "Resonancias de una Transmisión", de Jorge Fukelman.: "La ciencia de la Perversión" y "Representación y Represión" Invitamos a leerlo en este link
Marta Benenati, Gesto...tomando nota al leer: "Resonancias de una transmisión"...link



Fragmento del artículo "Comentarios de Freud" de Jorge Fukelman, pág. 160: "(...)

"Todo lo que nos plantea Freud nos toca a cualquiera en lo más íntimo. Podría decirlo de otra manera, pero lo podría decir seguramente no tan bien, pero en el mismo sentido que lo decía recién, ese escritor argentino Bianciotti. En un cuento comenta  que, lo más propio que tenemos , aquello de donde surgimos, eso, lo hemos perdido. Esa es la amnesia infantil.(...) Si mínimamente queremos tener una coherencia con con lo que Freud ha hecho para nosotros-, nuestra ubicación es de analizantes.(...) es decir cómo se sigue elaborando trabajando, esa es nuestra deuda con Freud" 

Presentaciones de los libros

Algunos recortes, fragmentos  de las presentaciones realizadas de los libros:

Año 2020 


"Transformaciones el Fantasma, Fantasma y diagnóstico"de J.B.Ritvo
:

Edgardo Haimovich 

"La impronta de la escritura de Juan Bautista Ritvo tiene la forma del dribbling (witzarbeit: trabajo de la agudeza lo llamaba Freud) y si me atrevo a caracterizarla así es por la dimensión interlocutiva que comporta...Con frecuencia recurre a expresiones tales como: "como es sabido",  "como es obvio";  precediendo afirmaciones contundentes a las que no sería sencillo prestarles acuerdo sin algún desconcierto...¿Acaso podrían leerse esos dribblings en los aprietos a los que somete al lector, y de los que se vale para aventurar desarrollos carentes de otra garantía que su propia enunciación? Suelen ser planteos que se afirman en una convicción que se adelanta a la argumentación…Cuando Ritvo vincula las pulsiones a la dimensión agalmática del fantasma hace su catálogo incluyendo la intensidad de la mirada, el rasgo de la voz, el misterio del genital, lo pútrido de lo anal…pero excluye a la oralidad ¿es que se trata de la clave ausente de esa serie? ¿Del lugar central de la incorporación en la erogeneización del cuerpo?...El desarrollo del texto, con sus afirmaciones y sus argumentaciones, cumple con lo que prometía.
Y lo cumple con todas las de la ley: poniéndose en deuda. En deuda del libro que vendrá."


Cynthia Eva Szewach

Efecto Ritvo. Política y poética de una transmisión

                                                        “Qué se esconde en lugares inexistentes” Bruno Schultz

En tiempos aciagos como este año y por momentos de tanta inquietud, a causa de la pandemia ,donde como dice por ahí el libro, “el trauma sacude profundamente los velos que nos hacen de resguardo”, tuvimos la posibilidad, y  la alegría de editarlo, ahora presentarlo.

 (…) El trayecto que plantea, o por lo menos hasta donde yo pude seguirlo, y que sin duda “ lo que se construye en el laboratorio de un analista”, sus acopios de incalculables subrayados o asimilaciones, hechos con fervor quizá el nombre de un estilo, con "Tierna furia" 

(…)Por un lado, nos posibilitó una manera de acercarnos a cómo fue terminando de confeccionarse, de espiar un poco algún atisbo de “como está hecho” el libro, hecho de una forma no ajena al tema mismo del fantasma o a cómo lo piensa. A veces de forma rapsódica, con notas observaciones, paréntesis, digresiones, agregados, que llevas las huellas de su correspondencia con un Seminario que iba a suceder, entre tono oral y su escritura. En ese entre, término no menor para el fantasma, lo fue afinando cada vez más, porque hay algo de un afinador, con su diapasón perpetuo. 

(…)Se advierte, como en otros libros, de los modos de leer ingenuos, o reducidos dentro del psicoanálisis mismo. Uno de ellos es respecto de la singularidad. Cuando aparece lo particular disfrazado de singular, “la singularidad del caso”. Frente discursos universitario y sin rastro de inconsciente. En un lugar dice que necesitamos un lenguaje plástico cercano a la literatura para alcanzar la singularidad. ¿Pero acaso bastaría? Me parece que no. Pero, en otro lugar dice que “la operación fantasmática que llegará a la singularización en un movimiento de vaivén que va de la palabra proferida –los enunciados concretos– a la huella significante supuesta en esta enunciación (borraduras), para pasar desde allí a las instancias imaginarias e imaginantes, con mucho lugar dado a la imaginación, a ese roce de los cuerpos , entre vergas y crucifijos, ya en el nivel pulsional; para retornar en un giro helicoidal a la palabra proferida, todo esto mediado por el movimiento del sujeto, constreñido, en cada ocasión crucial, a tomar decisiones cuyo alcance no puede calcular de antemano”. De allí que ubicar lo singular no es sin, en lo que se revela analista-analizante, en el detalle, que posee ritmo, carnalidad, en el umbral de la demanda: una ética

Adriana Bugacoff

En la escritura de este libro simultanean la oralidad y la escritura(...) Como ya Ritvo nos tiene acostumbrados, encontramos lecturas en los intersticios, lecturas que iluminan sobre detalles hasta ese momento imperceptibles de los textos de Freud y de Lacan. Son hallazgos

(...)Como en ninguno de sus otros libros tampoco en este, no nos vamos a encontrar con un Psicoanálisis de bolsillo, ni tampoco con ideas domesticadas acerca del fantasma, ni del diagnóstico ni de ninguno de los múltiples temas de los que se ocupa

(...)Plantea con una originalidad inusitada, que los enigmas y las transformaciones del fantasma se despliegan, por un lado, en una relación caleidoscópica con la imagen, el significante y el objeto. Y por otro, la temporalidad del fantasma está hecha de momentos, niveles, oscilaciones rítmicas, temblorosas, pulsátiles -propias de la carne-, es que la temporalidad de la pulsión es la del laberinto, nos dice.

(...)Hay una presencia indiscutible de la poesía, de la literatura, entre aquello que vertebra y la digresión, creemos que la literatura es mucho más que un soporte de imágenes o palabras, (lo decimos en el prólogo). Esta presencia de la literatura, está sin duda en consonancia con su práctica analítica. En su transmisión conviven sin renuncias, el anhelo de querer decir cada vez mejor, cada vez distinto, sin que lo incomunicable pierda terreno o quede traicionado. Cabalga entre el recomienzo incesante y la pérdida originaria.(...)Para finalizar quería leerles una pregunta que le formularon al escritor W. Faulkner y su respuesta: En una conversación con Faulkner le preguntaron: “Algunas personas dicen que no pueden entender sus obras, aun después de leerlas dos o tres veces ¿Qué les sugeriría usted para que pudieran entenderlas? Faulkner contestó: Que las lean cuatro veces. Esta es mi sugerencia respecto a este libro, no solo por su dificultad, sino por el gusto que produce su lectura.

Año: "Resonancias de una transmisión" de J.Fukelman. 

Prólogo: Raúl Sommer



                                Presentación en Café Bollini 2016,  realizada por Jorge Balmaceda, Lucila Anesi
con la presencia de Elena Roberto 

Jorge Balmaceda

 Quiero agradecer les que hayan apostado al trabajo de hacer un libro recuperando estas presentaciones de Jorge, lo que nos permite reencontrarnos con su palabra, con sus desarrollos teóricos, con su modo de contarnos lo que era su posicionamiento en la clínica. También les agradezco que me hayan invitado a esta reunión, en la que prefiero contarles ciertas impresiones personales que me suscita esta vuelta al trabajo de y con Jorge.Si hay algo que creo inevitable y primero a abordar es el modo en que Jorge se posicionaba en la transmisión. Su “estilo no convencional”, ese “modo de hablar con comas y paréntesis” capaz de generar  la posibilidad de “que al leerlo lo estemos oyendo”… y que al escucharlo lo estuviéramos leyendo por la precisión en el armado de la frase y el suspenso que generaba, al punto que seguramente reteníamos el aire hasta que se cerraba el paréntesis que habíamos imaginado para no perder el hilo de lo que nos iba diciendo. Tal era el impacto de las reuniones en sus grupos de estudio, que nos obligaba a esforzarnos para no creer que estaba todo ahí. En cuanto a la Clase inaugural de Psicopatología , me causó gracia reencontrarme con ese “Voy a comenzar de otro modo”, porque ese otro modo es lo que caracterizaba sus presentaciones, despejando una pregunta y abriendo otra, planteando una disyuntiva, sorprendiendo con un ejemplo.- Sin duda la sorpresa era algo distintivo, algo que siempre estaba presente en sus dichos y también en su escucha. Recuerdo una supervisión en la que me preguntó (se trataba del material de una analizante de unos 30 años): “¿cómo la imaginas cuando era una  nena?” Me sorprendió la pregunta (dando pie a que me permitiera jugar con eso), y también mi respuesta, casi inmediata: “Como la regalona del padre”. “Regalona”, una palabra que nunca antes había usado en mi vida, antigua, que no supe de dónde venía. Como pueden suponer, el tema del regalo recorrió buena parte de ese análisis eslabonando su presente con aquella infancia.  De recrear imaginando a toparse con algunas marcas significativas, no sin la  valorización del imaginario (por momentos tan denostado en aquel tiempo) que se leía en su práctica y se sostenía en afirmaciones tales como “La imagen que nos tiene”.

-Sin embargo, donde Jorge producía lo más impactante era en relación a la infancia y el juego“El juego preexiste al niño” decía, construía una escena y entonces daba lugar, invitaba a jugar haciendo un personaje (creo que le entusiasmaba dar vida a un niño un poco pendenciero) que provocaba e incitaba a sumarse  a dicho juego.

-Para terminar, y al respecto una anécdota en la que se aúna su relación a la niñez y la sorpresa. Jorge nos invita a la casa que tenían con Elena Roberto en el Tigre a comer un asado. Vamos varios compañeros de un grupo de estudio, y una colega llega con su hija de pocos años que está de pésimo humor y sólo repite que quiere volver a su casa, para incomodidad de la madre que no logra calmarla con ninguno de los juguetes que le llevó en la ocasión. En cierto momento, sentados en ronda, la niñita se abraza a las piernas de la madre dando la espalda al resto del grupo e insiste ruidosamente en querer irse. En ese momento Jorge le “camina“ por la espalda con los dedos, a lo que ella le dice de pésimo modo:

-¡Salí!

_ ¡Mirá, una cucaracha!- Le responde Jorge

Y ella a su vez:

_¡Sos vos!

A lo que Jorge, con voz apenada le contesta:

-¿Porqué me decís cucaracha? 

La sorpresa fue general; todos nos quedamos mudos viendo como la  pequeña se alejaba silenciosamente y se ponía a mirar alguno de los libritos que su madre le había llevado. De ahí en más la tarde transcurrió plácidamente. 

Pasó el tiempo, nos hicimos amigos y siempre supe que podía contar con él. Espero que haya pensado lo mismo de mi parte. Gracias por compartir este espacio. 

Eco de Infancias de Jorge Palant

Realizada en El Museo de la Lengua, fue presentada por Diego Halfon Laksman,  María Inés Cuba(texto). año 2015

María Inés Cuba 

Festejamos este encuentro con Ecos de infancia, el libro de Jorge Palant. Como sugería Freud: la presentación de trabajos es la mejor manera de celebrar el tiempo transcurrido en la práctica del psicoanálisis.

Palant ha sostenido dicha práctica (y enseñanza) a la que no le ha menoscabado esfuerzo. Vamos a encontrarlo, en estas lecturas, abocado a ofrecer las discusiones necesarias y abordar, así, los interrogantes requeridos tanto por los obstáculos como por los “consensos” y diferencias entre psicoanalistas que se ocuparon de estas cuestiones.

Agudas, nada cómodas por cierto y apasionadas sin duda son sus lecturas y puntuaciones .

Muchas veces le dije que tenía una deuda con la escritura de este libro. Palant nos convoca, desde la introducción misma que escribe a Ecos de infancia, con una pregunta cuya respuesta consiste en otra serie de preguntas tan puntuales como la primera. Este es un modo, un estilo que atraviesa el libro y también su práctica. Así comienza la introducción “¿Por qué habría analistas que analizan niños y otros que no? ¿La respuesta a esta pregunta podría completarse con esta otra: analistas que deciden apartarse de esta práctica y otros que no? ¿Alcanzaría con decir que es la infancia en sí misma la que convoca y aleja en uno u otro caso? ¿Y podría zanjarse la cuestión apelando a una respuesta por el lado de la empatía? ¿Se apoyaría ahí el hecho de que la mayoría de los analistas que atienden niños sean mujeres?

Al estilo de la enseñanza freudiana, interroga, apela a la retórica, dialectiza eso que está considerando dándonos la oportunidad de aguzar en la escucha de esa clínica y de dar cuenta de ella apelando a sus lecturas de Freud, Lacan, Klein, Winnicott, Porge, Laurent y algunos otros. Bien sabemos que el lugar de la pregunta en la enunciación implica una dialéctica del decir y lo dicho, y así lo presenta.

A propósito del preguntar: hace trinta y ocho años que Palant y yo nos conocemos: fue en un grupo que se armó en 1977 donde se leía y se trabajaba sobre análisis con chicos. En una de las primeras reuniones alguien presentó sesiones con un niño, previo recorrido por la historia y algunos momentos de juego. En una de esas sesiones sucede algo que para la analista transcurre casi sin importancia. Dentro de un juego el niño le da unas tijeras y la analista las apoya en la mesa. Palant le pregunta porqué lo hizo. Se esbozaron distintas respuestas; quienes asistíamos seguramente imaginaríamos esas u otras; no sé cuánto tiempo estuvimos ahí, en ese momento señalado por esa pregunta, tratando de parir una ocurrencia…y ahí algo giró. Esa pregunta que releva el acto del niño que la analista dejaba de lado, un momento de corte en el juego propuesto por el aquél abría una lectura diferente. Sin palabras, como un enigmático encuentro que resignificaba lo jugado hasta allí. La pregunta de Palant ofició de corte, que a la vez señalaba un corte también del chiquito cuando cedió las tijeras; otra lectura se abrió y otro juego también. Una pregunta, un corte, interpretación silenciosa como la de la sorpresa de un acto fallido o un lapsus. Era más sencillo dejar las tijeras de lado, más comprensible. Algo se esboza: la escucha al juego del niño y la convicción de que nada en relación a él era más simple, comprensible o legible por tratarse de un niño.

Esos momentos de intervenciones fueron una invitación no sólo a la lectura entre líneas sino a no tomar el juego como un como si, ni un recurso como el sueño o simplificar pensando al niño en un moderado clivaje entre consciente e inconsciente. Recordar que demasiadas palabras prestadas son demasiadas, y que el silencio, el detenerse justo a tiempo, no homologa la otra escena del niño en el análisis de un adulto.

Cierta vez escuché a Jorge en una charla responder a una pregunta sobre “cómo hacer para dirigirse a un niño” y él respondió con un cuadrito de un chiste en un diario: un padre que se agachaba para estar a la altura del niño. La respuesta fue: así no. Podríamos preguntarnos el porqué de ciertas preguntas, ¿Cómo hablarle al niño? ¿Cómo interpretarle eso que pareciera pedir comprensión? y otras más que, probablemente, no se autorizan respecto del análisis de un adulto.

La no homologación del juego y el sueño, nos dice Palant, da cuenta no sólo que ambos no están estructurados con la misma materia, sino que esta diferencia no será sin efecto en el abordaje de un análisis: un sueño tiene valor cuando se le cuenta al analista; el juego en análisis se hace en presencia de un analista al que se está dando a ver algo pleno de desconocimiento para quien lo juega y desde donde se desafía el “saber hacer” de quién lo enfrenta. “¿A qué apunta sino a que al niño no lo convoca el hacerse cargo de lo que dijo cuando eso que dijo le vuelve del Otro?”. “Freud dice que hay que prestarle demasiadas palabras, Klein que no asocia libremente porque se angustia y Lacan que a sus palabras se las lleva el viento. ¿Entonces? Es ahí que el juego parece remediar estas insuficiencias que el niño en tanto estructura le ofrece al analista.

Pero ¿la necesariedad “de esos “pequeños objetos”, al decir de Lacan? ¿Acaso el Fort-da no parece decir los secretos de lo que construye? ¿Cómo dejar el juego a un lado si la estructura lo reclama?


El autor en cuestión

Presentación realizada en 2018, en Mussetta Café. Lili Baños y Carlos Gutiérrez

Artículos: 
"La palabra es de quien la trabaja" Eduardo Muller
"Para una imagen de Octave Manonni" Celia Nusimovich
"Transferencia Reik-Freud, acerca de una conferencia desconocida" Cynthia Szewach
"Infancia y magia. Relato acerca de dos niños" Marta Benenati
"De finales y pasajes...hacia la autoría" Moira Iglesias
"Juego y trauma" autor de silencios" Adriana Bugacoff
 "Escrituras perplejas" Perla Sneh
"Advertencias. El problema del autor en Don Quijote" Jorge Rodriguez
"El autor"  Enrique Millán
"El autor y sus riesgos" Olga Prósperi


Lili Baños

“Le debemos a Foucault que del autor se hable en forma de pregunta. Esta pregunta, manifiesta o latente, está presente en todos los trabajos que constituyen el libro”

(...) “Lo cierto es que en Foucault el nombre de autor pertenece por completo al territorio tan vasto que Lacan denominó Discurso Amo. Es el nombre que identifica, antes que nada, a un cuerpo textual y cuya función esencial consiste en autorizar la cita: decir “Freud lo dijo y lo dijo así...” no es lo mismo que citar el texto de manera anónima.

Desde que escuchamos el nombre del autor guardamos, lo queramos o no, un cauteloso respeto; si se cita el texto y no sabemos quién lo escribió, evidentemente la tensión cederá y hasta seremos capaces de cometer irreverencias. Se ve, entonces... El nombre de autor hace escuela, hace institución; quizá valga la pena recordar que una institución, cualquiera, aunque pensemos en las nuestras, las que agrupan a los analistas, se funda sobre principios que una vez establecidos está prohibido leer.

Cuando se los lee, entonces la institución es cuestionada.

Y es por ello que hay retornos y traiciones y exégesis que se oponen puntualmente en querellas que recuerdan las querellas religiosas.

Por supuesto, no predicamos el anarquismo de la lectura. Que leamos a autores y que la transferencia les suponga a los grandes nombres el saber en su plenitud, es inevitable.

Ahora bien, lo sabemos pero es preciso volver sobre ello una vez más, el lugar de lector supuesto, ese lugar que es un correlato del nombre de autor, es un sitio literalmente vacío.

(...) Es preciso que un lector concreto lo ocupe vez en vez y arriesgue su interpretación; en este punto se torna evidente que el autor se eclipsa y aparece, con los riesgos del caso, el lector. Aunque no debemos engañarnos, cuando habla Lacan del lector supuesto, está proponiendo, a la vez, un juego y un desafío. Ocupar el lugar supuesto para que caiga el Sujeto Supuesto al Saber. Ciertamente, es algo que se produce raras veces y por razones que no es necesario explicitar aquí pero que tienen que ver con la naturaleza de la masa.

Para terminar y disponer de un poco de humor del bueno, o del malo, si creemos a Bloom, voy a repetir una anécdota que citó Eduardo Muller.
Se dice que al Dr. Samuel Johnson un joven autor le entregó un manuscrito.
El Dr. Johnson le contestó: "Su trabajo es original e interesante. Pero la parte original no es interesante y la parte interesante no es original”

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